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 Pedro odiaba a los gatos más que nada, le causaban repulsión. Cuando decidió matar ese gato gris que lo seguía en las calles, Pedro enloqueció. Nunca supo que los felinos ahuyentan a los demonios que buscan secuestrar almas y mentes; nadie se los encomendó, ellos solo decidieron ser guardianes de causas perdidas, de espíritus susceptibles, está en su naturaleza.
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Lo había perdido todo en el juego. Pero quería seguir apostando. Así que les dije que me jugaría lo único que me quedaba. Ellos sin preguntar aceptaron. Cuando ganaron, cayeron fulminados. Nunca les dije que solo me quedaba morir, fue una apuesta que hice con la muerte. Me fui de ahí con las manos vacías. Pero vivo.
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Amo verte despertar junto a mí todas las mañanas. Cada vez que ríes cuando me hago el gracioso. Me cuidas porque me recomiendas a que tome mis medicinas y coma a tiempo. Aunque me duele decirlo: Ya no les hablo de tí a los demás, comienzan a decirme que solo eres un producto de mi imaginación y que soy esquizofrénico sin remedio. Tu eres real, nunca me vas a dejar solo.
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Adoro éstos tiempos, puedo salir a la calle sin que noten mi presencia, nadie se asusta, nadie grita. Los vivos ahora solo se centran en ver ese aparato llamado celular, creen que su mundo está dentro de una pantallita; y después dicen que el muerto soy yo.
 
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Miguel terminó la universidad con muchos sacrificios: dos ancianas, tres niños, cuatro jovencitas vírgenes y quien sabe cuantos animales. 
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Cuando Grixnak Xamsu despertó de ése sueño nada reparador, se vió postrado a sí mismo convertido en humano. Cuando las demás avispas del panal detectaron el aroma intruso, fueron a piquetearlo hasta la muerte.
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Se burlaban de ella todo el tiempo, nadie la invitaba a jugar en el receso, siquiera para conversar, como lo hacen las demás chicas. Se vio obligada a asistir a la biblioteca cada vez que era rechazada. Fue ahí donde encontró el pequeño libro reliquia no registrado: Guía prohibida de brujería y manifestaciones paranormales.
Las 27 compañeras del salón encontradas muertas ingirieron por mano propia sustancias del laboratorio escolar. Ella tenía una coartada impecable: leía en la biblioteca un libro sobre los marsupiales, El caso nunca se volvió a abrir, fue clasificado como suicido grupal consensuado.

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Manolo era un descarado, de ésos que van al cine a echarle a perder la película a los demás. Le encantaba vociferar lo que iba a pasar y hasta a veces revelaba el final a media función.

– ¡El asesino es el padre! gritó muy orgulloso en aquella ocasión.
Un hombre muy serio le pidió que callara.
– ¡Y lo van a atrapar con un truco en el puente! Manolo hizo caso omiso a la petición.
– ¿Te gustaría que te echara a perder un final? Le dijo el hombre sin perder la compostura.
– No me importa, anda, dímelo. Lo retó Manolo.
– Bien, vas a morir en dos días, atropellado por un camión sin frenos.
Manolo, riendo, no lo tomó en serio y pasaron los días. Dos precisamente, cuando fue muerto al ser impactado por un camión que se quedó sin frenos.

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-Yo decido a quien entregarle mi corazón.
Dijo Dalia la última vez que fue vista, se fugó con un desconocido del cual se enamoró. Fue encontrada dos días después, fría, tirada en un callejón. Le había sido extraído el corazón mientras seguía viva… y enamorada.

 

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